Un candidato con la pasión intacta (1)

por Patricia Fortino


“Al palco presidencial iba a ir si venía Evo Morales cuando jugamos la semifinal contra Bolívar, pero no vino y yo vi el partido tranquilo como siempre”. Amable, sonriente, cordial y predispuesto. Matías Lammens, de 39 años, presidente del Club San Lorenzo de Almagro, es el dirigente más joven del fútbol argentino. “Voy al palco oficial para cumplir con cuestiones protocolares. En el entretiempo paso a saludar a los dirigentes visitantes, pero el partido lo miro en la platea con el resto de los socios”, cuenta orgulloso y dice que se siente igual de hincha,con la camiseta puesta como cuando iba a la cancha con su viejo. Para entonces su ídolo era el goleador Walter Perazzo.


El debate sobre si el dirigente debe pararse en otro lugar que el hincha está fuera de su consideración, piensa que no hay que perder la sensibilidad porque ningún dirigente puede no ser hincha: “para dedicarle diez horas por día con pasión y amor hay que estar de la cabeza, así como estamos, solamente, los hinchas de fútbol”.

En su oficina de Socio Gerente de una distribuidora de vinos, la máxima autoridad de San Lorenzo de Almagro se presenta con un pantalón de trabajo, zapatillas de lona, suéter y camisa. Toda su indumentaria combinada en una armoniosa paleta de azules. Pelo corto, entre canas, que acomoda, en continuos movimientos, con la mano derecha mientras su mirada de a poco deja de distraerse con todo lo que lo rodea. ¿Es un controlador o un obsesivo? ¿Un prolijo, un correcto, un imperturbable o un sanguíneo?

“En San Lorenzo estamos los últimos románticos, ahí no ganamos plata, todo lo contrario, cuando hace falta ponemos, son muchos más los sinsabores que los éxitos”, explica para destacar su pasión inalterable.  Dice tener una relación respetuosa con los jugadores de quienes siente reciprocidad en el trato, la sinceridad con que les habla es la mejor forma de sostener esa comunicación de mutuo acuerdo.

Empresario desde muy joven, hoy es uno de los nombres más resonantes del fútbol de la primera división nacional. Casado con la flaca (como nombra a Mariana Gené, su mujer, a quien conoció en un viaje de estudios a Cuba), desde hace ocho años. En 2016 nació Ana, su hija, y con ella saldó una de las pocas asignaturas pendientes en su vida personal.

“No dormí con la Copa Libertadores, dormí con mi mujer, pero la copa estaba en el cuarto esa noche del 13 de agosto de 2014, quería despertarme y verla ahí. La Flaca, mi mujer, me conoce hace 14 años, siempre fui enfermo por El Ciclón. Creo que lo disfruta, era de Racing y se hizo muy hincha de San Lorenzo. Mariana es una persona muy inteligente, es Socióloga e investigadora del Conicet”.

Es fácil encontrar la distribuidora de vinos de Matías Lammens, una cortina metálica pintada por el Grupo Artístico de Boedo auspicia de inconfundible mojón en la calle Pavón al 3900. Azul, rojo, aureolas, fechas de campeonatos y la gigante, deseada y soñada Copa Libertadores decoran el frente de la Distribuidora Ñuke Mapu (Madre Tierra en lengua Mapuche). “Cuando fundé la empresa tenía 23 años y me pareció oportuno ponerle un nombre aborigen, de quienes son los verdaderos dueños de estas tierras, de alguna manera eso decía algo”. Mantiene una relación cordial con los menos de 100 empleados que tiene la empresa. Viaja con muchos de ellos a las bodegas proveedoras en Mendoza, escapadas donde intercambia trabajo y camaradería laboral.

Igual que en el club, en su empresa se esfuerza para que la gente que trabaja con él se sienta identificada con su proyecto. Afirma que es la mejor manera de comprometer la tarea.

Elije cine argentino, disfrutó de “Relatos salvajes”, frecuenta seguido el teatro, puede ir al San Martín o a teatro alternativo como el que ofrece Timbre 4, le gusta visitar museos y viajar, aunque con nostalgia cuenta que hace dos años que no toma vacaciones.

“Me saqué la carrera de encima”, dijo al referirse a su título de Abogado. Cuando en el año 1998 egresó del Colegio Nacional Buenos Aires decidió que Derecho era la opción. “Siempre pensé que me podía dedicar a la política y me pareció una profesión que da un montón de herramientas para desarrollarse en diferentes ámbitos”. A los 22 años ya era un profesional: “De los Lammens soy el primero, mi viejo no llegó a terminar la primaria”.

Se casó en marzo de 2011. La fiesta de la boda fue en un salón con pileta de natación en el barrio porteño de Núñez. “Si me tiran a la pileta sacame los zapatos”, le había pedido a su amigo Enzo. “Le saqué uno y nos caímos los dos a la pileta”, contó riendo el encargado de cumplir el deseo. “No se enojó, solamente lamentaba el zapato”.

Por parte de padre es el menor de cuatro hermanos, dos varones y una mujer; por parte de madre,hijo único. Once años mayor que su mamá, su papá murió cuando él tenía siete años.

Porteño por nacimiento y por elección sueña con vivir siempre en Buenos Aires: “Acá quiero criar a mis hijos, es una ciudad hermosa, la más hermosa del mundo”. Dentro de la Capital, Boedo es parte de su historia. Entre las calles Rondeau y Pasaje Jantin (ubicado entre la Avenida Chiclana y la calle Metán) vivían los abuelos maternos. Cuando murió su padre pasaba mucho tiempo en esa casa que recuerda con melancolía. “En este barrio me siento muy cómodo, salgo a la calle y me conocen los vecinos, siento mucho arraigo. Cuando empecé a trabajar y me empezó a ir bien económicamente, sentí que me tenía que instalar en Boedo. Es mi lugar en el mundo”.

Su comida preferida es el asado y, personalmente, lo hace para sus afectos en el quincho de su casa. Una casa abierta a sus amistades. Se considera un buen amigo, y sus amigos le reconocen ese adjetivo cuando lo definen: “Matías es un buen tipo”. Damián, Sergio y Pablo son algunos de los tantos que comparten su círculo. “Nos conocemos desde que teníamos 18 años. Él es así de unir a la gente. Yo vengo de otro barrio, de otra clase social. Desde hace 12 años trabajo en su empresa. Él no se pone en jefe conmigo. Yo soy su amigo. Quiere que yo progrese, que ahorre, es como un hermano mayor, pero distinto, mejor. Nunca se enoja. Yo lo adoro. Me ayudó a conocer gente. Yo vengo de abajo, muy de abajo”, explicó Enzo con una calidez afectiva que envolvía sus palabras.

Todo es azul y rojo en la vida de este hombre de negocios avenido a dirigente y siempre busca vincular cualquier tema con el club de sus amores: “Es un barrio que tiene historia, bohemia y la gente es un poco especial. Es el reflejo de San Lorenzo, un club grande que tiene cuatro millones de hinchas, pero nunca pierde lo de club de barrio y se jacta de eso. De alguna manera Boedo es como San Lorenzo”.

No le gusta mirar televisión, lo divierte muy poco, solamente mira fútbol y la radio es la compañía mientras maneja su Audi. Reconoce a Silvio Rodríguez y a Pablo Milanés como parte de su identidad, registra haber crecido con ellos, le gusta el arte que tiene compromiso social, Antonio Berni es su artista plástico elegido. A Cuba hizo dos viajes. En uno de ellos permaneció durante tres meses y se sintió un cubano más, vivió en casas de familia, estudió en la Universidad y compartió la genuina vida de la isla. Allí conoció a la que hoy es su mujer, la flaca.

No hace terapia y se autocritica la obsesión con que enfrenta sus responsabilidades. Se reprocha la poca tolerancia que tiene hacia la mediocridad de los demás y dice que con ayuda de su mujer trabaja sobre eso para modificarlo, no le gusta parecer un soberbio.

“La copa es muy linda y todo eso, pero yo estaba orgulloso de ser cuervo antes de ganar la Copa Libertadores. Es la mejor herencia que me pudieron dejar; estar en San Lorenzo de alguna una manera es como estar con mi papá. Cada vez que sale el equipo a la cancha pienso en mi viejo. Yo creo que en algún lado él está, nos está mirando y está contento”, dice esto mientras alimenta la contradicción de ser agnóstico. No está casado por Iglesia y confiesa estar alejado de la Institución, pero, no de la fe. “Fui a un Colegio con mucho bagaje ideológico”.

Describe al Papa como a una persona que atraviesa las fronteras del catolicismo; lo admira y reconoce que es el único líder mundial que puede hablar de Siria, Israel o Palestina con el agregado de no tener estos países mayoría de católicos entre su población. “Creo que lo que necesita la sociedad son líderes inclusivos y Francisco lo es, no es solamente coherente desde lo simbólico, va mucho más allá, mucho más profundo; la condena a los pedófilos, la reforma del Vaticano, hablar de la homosexualidad. Claro que hay temas, como el aborto, que son tabú, pero creo que la Iglesia Católica se ha acercado mucho más a la gente con este Papa”.

La sensibilidad es la propulsión del motor que lo moviliza. Tiene siempre presente los orígenes del club, aquel cura que rescataba chicos de la calle y con los que formó un equipo de fútbol. Le duele pasar por la Avenida Castañares (aledaña a la cancha) y ver chicos que consumen paco, le afecta. Siempre tuvo una meta social definida para San Lorenzo que los socios legitimaron en el poder con más del 82% de los votos en su última elección, mandato que concluye este año (2019).

¿Cómo es un día en la vida de Matías Lammens?

- Me levanto a las siete de la mañana, desayuno en mi casa, vengo para la oficina donde mezclo bastante San Lorenzo y mi empresa. Tengo bastantes reuniones en esta oficina. Muchas veces viene el manager del equipo, algunos jugadores, algún representante por un pase, uso esta oficina para trabajar para el club. A la tarde me voy para la Sede y ahora, que está bastante controlado todo, me quedo hasta las ocho o nueve. Al principio mi teléfono sonaba permanentemente, embargos en el banco, juicios, la jornada duraba hasta las once o doce de la noche.

A ese apoyo supo llenarlo de contenido para levantar una gestión al borde de la quiebra financiera. Un equipo de Ingenieros Industriales, Contadores, Economistas, todos amigos suyos fue el grupo de trabajo que armó para acompañarlo. Capacitados y comprometidos con San Lorenzo con el “nivel de locura necesario” para dejar sus trabajos a las cinco de la tarde y dedicarse al club hasta las diez de la noche armando balances, flujo de fondos o presupuestos. Todos profesionales de su círculo más íntimo de confianza.

La escuela secundaria fue uno de los pilares de su formación. Allí se educó social y políticamente como lo que se define, un hombre de centro izquierda. Su rol de presidente lo pone en situaciones que lo obligan a situar, por delante de sus ideas, el cargo que ocupa: “Yo creo en las ideologías, son lo que marcan hacia donde uno va”. Así hizo referencia a la Ley de Restitución Histórica. Después de 33 años, de espera e ilusión de algún día volver a su verdadera casa, SanLorenzo consiguió la aprobación de los legisladores, que con un total de 50 votos positivos y ninguno en contra, el 15 de noviembre de 2012 decidieron el regreso de la cancha azulgrana al barrio de Boedo, al lugar donde se emplazó el Viejo Gasómetro en Avenida La Plata al 1700.

Al hablar de su futuro dice que lo más importante es consolidar el modelo de desendeudamiento de los clubes, demostrar que las instituciones civiles sin fines de lucro pueden ser superavitarias. “Si hay negocios deben ser en beneficio de los clubes, los pases no pueden ser de los jugadores ni de privados. Administrando bien, siendo serios y coherentes se puede. Conozco muchos dirigentes que no administrarían sus empresas como lo hacen con sus clubes. La idea es dejar a San Lorenzo con un pasivo en cero”.

Siempre destacó el papel del Gobierno de Cristina Kirchner en poner al Estado a ocupar un montón de lugares que “desde la dictadura hasta incluida la década del ’90 había dejado de ocupar, estar cerca de las necesidades de la gente”. Considera que los clubes tienen la obligación de ser socios en esta tarea, de asistir al Estado para cumplir una función social.

Su impecable y políticamente correcta presencia popularizada por el hincha que vive en su interior no le teme al grado de exposición que el cargo le confiere. Mario Benigni, periodista partidario del programa radial Soy San Lorenzo dice que Lammens es una persona que se muestra permanentemente como un hincha de fútbol y que esta manera de manifestarse es bastante arriesgada, lo mismo piensan otros simpatizantes del club sobre la apasionada manera de revelarse al mundo.

No tiene personal de seguridad que lo acompañe, considera que predispone mal la presencia de custodias personales. En la ropa del fanático que lo viste a diario una vez un hincha de Boca le gritó un insulto identificándolo con el club. La respuesta fue la de un cuervo ofendido: en pleno Centro porteño, Corrientes y Montevideo, lo corrió para agarrarlo a trompadas.

Los domingos no falta a la convocatoria de Vasco Viejo el equipo de fútbol del Nacional Buenos Aires donde juega: “El nombre surgió en honor al vino que tomábamos cuando a los 18 años formamos el equipo”, aclara y justifica la elección. Ese espacio lo respeta, valora y defiende desde lo social por contribuir a mantener un vínculo con sus compañeros de la escuela secundaria y desde lo político como sostén de una educación de excelencia, laica y gratuita. Su relación con el colegio es de permanente compromiso. Participó en un spot del proyecto para recaudar fondos a los fines de construir un gimnasio cubierto para la Institución. Siempre está con presencia o con aporte económico, se reconoce como un defensor de ese bastión de la educación argentina.

Para este hombre joven, exitoso y feliz, sus sueños no tienen límite. Es de los que piensa que el esfuerzo achica las montañas para alcanzar la cima. Muchos caminos están abiertos para Matías Lammens, su corazón azulgrana le indicará por dónde elegir andar y sus ganas de seguir creciendo harán el resto.

(1) Las entrevistas para la realización de esta nota se hicieron en 2014. La importancia de la pre candidatura de Matías Lammens a Jefe de Gobierno de la CABA por la lista opositora Frente con Todxs determinó la decisión de Megafón a publicarla.