30.000 detenidos desaparecidos presentes

Usar puntuación: / 0
MaloBueno 
Archivos - Año 2013

24 de marzo de 2013 a las 13

Nos convocamos para marchar juntos

Avenida de Mayo y Lima

Corriente Nacional y Popular


Distintos paradigmas, iguales convicciones

Las palabras que sueltas pueden no decir nada o significar tan distintas simbologías, en los contextos cobran pertenencia y valor.

Así, si les digo: capucha, capuchita, pecera, traslado, algunos dirán que son incongruencias en frase. Otros, en cambio, sabránque son palabras disparadoras de una historia que todavía estamos contando y redescubriendo en la Megacausa con juicio oral y público por crímenes de Lesa Humanidad en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), el mayor centro de exterminio de la última dictadura militar.

Para poder personificar palabras con hechos participamos de la visita guiada al “Casino de Oficiales”, edificio donde funcionó desde 1976, el Centro Clandestino de Detención.

Las instalaciones están en un sostenido equilibrio de recuperación edilicia (mantenimiento de una construcción muy vieja) y la “rigurosidad histórica” que debe conservar, ya que los jueces lo siguen visitando por las causas de los cinco mil detenidos que se calcula han pasado por allí.

En esa visita nos acompañaron como guías Diego, un joven capacitado con el fervor de su edad y la libertad de contar una historia que le contaron, una historia que terminó antes que él naciera y Carlos, un ex detenido de la ESMA.

Sin golpes bajos, fuimos bajando y subiendo escaleras, metiéndonos entre las paredes y las narraciones y transportados, apenas en nuestra imaginación, a los distintos episodios que nos contaban.

“Proyectábamos cine. Después de convencerlos, los milicos me llevaban, alquilábamos películas y las veíamos entre los detenidos. Los compañeros se quejaban de las películas que traía. Un día veo Muerte en Roma, con Marcello Mastroianni y pienso: esta debe ser buena. Comenzó la película que narra la contradicción de un coronel alemán durante la Segunda Guerra, cuando los superiores le ordenan tomar represalias contra la población civil. Mastroianni, que hacía de cura, trataba de impedirlo. La proyectábamos en un Super 8, teníamos que cambiar el rollo a mitad de la película. Llegó ese momento y nada, seguimos. Terminó la película y el Oficial que estaba a cargo nos miró y nos dijo: Se acabó el cine. Fue nuestra última película. ”

Nos preguntamos si lo que nos narra son anécdotas o si Carlos cuenta porque compartiéndolas, comparte también su sentimiento de preservar y promocionar este ámbito de referencia nacional e internacional de políticas públicas de memoria y defensa de los derechos humanos.

Seguimos metiéndonos por pasillos y recorriendo habitaciones donde las detenidas parían a sus hijos que luego serían arrancados de sus madres, de sus orígenes, de sus identidades.

Mientras, seguíamos muy atentos los relatos que nos graficaban las atrocidades desde otro lugar: el de un sobreviviente. “Un día una compañera me dijo: traten de acercarse a los Oficiales. No, dije, ¿para qué?, y ella me respondió: es más fácil matar a un número que a una persona”.

La creación del Espacio, reclamo histórico de los organismos de derechos humanos, fue motorizada por decisión del Presidente Néstor Kirchner y se plasmó en el Acuerdo que el 24 de marzo de 2004 suscribieron los gobiernos de la Nación y la Ciudad de Buenos Aires. Ese acto donde Néstor hizo bajarlos cuadros de los asesinos, ocupando desde el poder político, por primera vez desde la recuperación de la democracia,su lugar de Jefe de las Fuerzas Armadas. "Ya no como compañero y hermano de tantos compañeros y hermanos que compartimos aquel tiempo, sino como presidente de la Nación Argentina, vengo a pedir perdón del Estado Nacional por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia tantas atrocidades", nos dijo a todos esa tarde.

Es imposible no asociar esas palabras con las vivencias que Carlos nos narró de su paso por la ESMA:

“Mi compañera estaba justo atrás mío, ambos estábamos encapuchados y esposados. Sabiendo que me podían ver y cuáles serían las consecuencias, igual, un día tuve ganas de darle un beso. Así que me levanté, fui a donde ella estaba y le di un beso. Me molieron a golpes, pero ya le había dado el beso”.

A 37 años de aquel golpe asesino, lo único que nos queda intacto de entonces, aunque parezca un eufemismo, es la memoria. Agotemos todas nuestras herramientas civiles para sostenerla en alto, viva, soberbia y perseverante en reclamar justicia. Reivindiquemos la lucha y no perdamos de vista al enemigo, que ya no lleva uniforme y fusil, pero tiene los mismos objetivos que aquellos, amedrentar al pueblo, acallarlo, sumirlo.

Para homenajear a quienes dejaron su vida en busca de la felicidad del pueblo, sigamos edificando futuro sobre esos mismos ideales.

"Néstor creía en el pueblo porque nunca traiciona" dijo Cristina y debe ser así nomás…

 

 





Redes Sociales de Megafón