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Archivos - Año 2011

¿Quién ganó el 23?

por Jorge J. Locane

La pregunta no es trasnochada. Ni irónica, ni provocadora. Tampoco apunta al lugar común: la democracia. Esta última es una respuesta válida que no conviene dejar de recordar, pero en la que por suerte no hay mayor discrepancia. Las argentinas y los argentinos votamos por séptima vez desde que se ha restaurado el orden constitucional y lo hemos hecho con fruición para confirmar nuestra vocación democrática. Todo esto es cierto, pero ¿quién más ganó el 23?

El Frente Amplio Progresista. Sí, sin duda sus logros no son menores. Porque fue la mejor elección en la larga historia del principal partido miembro de la coalición, el Partido Socialista, y también porque desde las PASO hasta los comicios presidenciales tuvo un crecimiento de casi siete puntos, mientras que la mayoría de los candidatos opositores lo único que consiguieron es desprenderse de muchos de los pocos votos que habían obtenido en aquella instancia. Pero ¿alguien más ganó algo?

El Frente para la Victoria ganó en la Ciudad de Buenos Aires y esto conviene destacarlo. La capital ha sido siempre un territorio hostil al peronismo y también al FPV, de modo que estos resultados son un triunfo doble: sobre los otros partidos y sobre la propia seguidilla de intentos fallidos o semifallidos. Claro que existen al menos dos razones que matizan esta victoria y que deben ser considerados. Por un lado, el fenómeno se explica por el arrastre que conlleva la figura de la presidenta, es decir, que los candidatos locales siguen sin demostrar que cuentan con peso propio. Por el otro, la ausencia de un referente nacional del PRO seguramente debe haberle restado votos a sus candidatos parlamentarios. El traslado de esos votos a la lista del FAP evidentemente se debe a que Binner funciona como una figura aglutinadora, de un cierto alcance nacional, de demandas locales. Al margen de las especulaciones que se puedan hacer con respecto a la futura evolución del electorado porteño, es oportuno señalar que el desplazamiento de votos del PRO –una derecha neoliberal aggiornada pero harto padecida en América Latina– al FAP –el mismo socialismo de mercado que en Europa ha contribuido a conducir al continente a una crisis sin precedentes– da cuenta de que la Ciudad de Buenos Aires sigue votando en gran medida por la negativa, es decir, que las diferencias de color ideológico que los partidos, o sus candidatos, pueden representar aquí pasan desapercibidas cuando de lo que se trata es de manifestar un rechazo a las políticas de inclusión popular impulsadas por el gobierno nacional. Se advierte por lo tanto un desprecio irracional –tilingo, diría– por un proyecto que –incluso con sus errores, porque todo es perfectible– ha conseguido revitalizar el valor del trabajo y fortalecer las identidades populares. Más allá de esta victoria de una voluntad nacional sobre las mezquindades locales, ¿hay alguien más en la lista de ganadores del domingo 23?

Sí, -y creo que esto hay que decirlo sin rodeos, a pesar de los profetas del temido poder omnímodo– las argentinas y los argentinos ganamos una oportunidad histórica. Como hubiese dicho Néstor Kirchner, la coyuntura abierta el domingo permite vislumbrar la posibilidad de “ir por todo”. No de un modo atropellado e indiscriminado, pero sí con convicción y con metas claras, porque por fin están dadas las condiciones para declararle una guerra categórica a las múltiples exclusiones que aún castigan a la sociedad argentina. En esta configuración excepcional confluyen ciertamente diversos factores.

El control de las dos cámaras es solo uno de ellos, importante pero no el único. Por otra parte, el quórum propio con el que ahora cuentan el FPV y sus aliados no tiene que ser necesariamente sinónimo de falta de reflexión y confrontación de propuestas. De mayor relevancia es el consenso social que se ha logrado en torno a un rechazo casi absoluto a todo intento restaurador del neoliberalismo. Que la gran mayoría de la sociedad coincide como nunca antes en la defección de cualquier modelo excluyente se expresa en el marcado desprecio que sus figuras representativas recibieron: el duhaldismo ni siquiera logró reunir los votos necesarios para aprobar un mandato de “Chiche” Duhalde, Carrió –una mujer que, por cierto, desde hace tiempo se representa solo a sí misma– y sus cómplices fueron impugnados por el 99% de los electores, de Narváez, asociado al radicalismo, se ubicó a más distancia de Scioli que Binner de Cristina. El resultado de esta dinámica electoral es que, además de que el FPV controla ambas cámaras, la oposición más retrograda ha sido en gran medida desplazada y reemplazada por una que tiene la oportunidad de exhibir su compromiso con un país mejor. Al mismo tiempo, es de prever que –ya que Macri lejos está de parecerse a un conductor político legítimo– los jirones de esa oposición inepta, de raigambre menemoide, comiencen a atomizarse ni bien se reactive el debate político y que al final concluyan recorriendo el mismo camino vergonzoso que Carrió. A este nuevo –y a todas luces celebrable– orden de fuerzas habría que agregarle una macroeconomía en plena salud y, lo que es más, con proyecciones de mejoras. Quiero decir, a una voluntad política que promete –como, por ejemplo, lo ha anunciado Juan Carlos Junio – profundizar el modelo redistributivo, reforzar las políticas sociales de inclusión y avanzar demandas históricas se suma la disponibilidad de capitales para impulsar un proyecto semejante. Sin embargo, ¿se pueden identificar otros ganadores?

Indudablemente, Nuestra América ha dado un paso adelante el último domingo. Porque se ha confirmado un plan de integración regional que, distanciado de los imperativos libremercadistas de años atrás, ha conducido a un sensible fortalecimiento de las soberanías y las democracias locales. Porque los chilenos que actualmente se hallan en busca de un destino mejor para su país pueden sentirse inspirados en el derrotero argentino poscrisis. Porque por primera vez en la historia, y a contramano de lo que sucede en otras regiones del mundo, los extranjeros residentes en territorio bonaerense han podido elegir a sus representantes políticos locales y así sentirse identificados con el rumbo emprendido por el país que sin afanes nacionalistas los hospeda. Pero, ¿no queda por mencionar a ningún ganador?

Cristina, sí, hay que decirlo es la gran ganadora. Pero no porque haya sabido actuar el rol de la viuda como sostiene Sarlo en una evidente muestra de agotamiento retórico, sino porque muchísimas ciudadanas y ciudadanos confían en que es la persona que mejor encarna una larga serie de victorias colectivas. Victorias históricas. Victorias que no se negocian. Por eso, felicitamos con honestidad a nuestra presidenta, sabiendo que la mayoría hemos ganado con ella.


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