La fuerza de todas y todos

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Archivos - Año 2011

A propósito de las próximas elecciones y el nuevo ordenamiento opositor

por Jorge J. Locane

1. Recientemente un grupo de intelectuales, académicos y escritores ha dado a conocer una carta abierta de apoyo a la candidatura de Hermes Binner. Entre las firmas que coronan el texto se encuentran las de Beatriz Sarlo, Carlos Altamirano, Fabián Casas, Federico Monjeau, Adolfo Prieto, Silvia Sigal, Ivonne Bordelois y varias más. Se trata de un posicionamiento público similar al de Carta Abierta pero con el fin inmediato –y por lo pronto exclusivo– de favorecer la candidatura del santafecino en las próximas elecciones presidenciales. La proclama reconoce la salud de la que gozan el sistema democrático argentino y sus instituciones, al mismo tiempo que celebra el gran crecimiento económico, el avance en materia social y el rol activo del Estado de los últimos años. A pesar de eso, los firmantes advierten una serie de falencias o insuficiencias en el proyecto oficial que los estaría llevando a concederle el voto a Binner. Entre las fallas del modelo kirchnerista mencionan que “Persiste una gran deuda social. A pesar del crecimiento económico a tasas formidables de los últimos ocho años, la disparidad en el acceso a los derechos económicos y culturales es dramática y millones de argentinos y argentinas viven en la pobreza y aun en la indigencia”.

2. Las últimas encuestas relativas a la intención de voto para el próximo período presidencial no pronostican mayores variaciones en relación con las Primarias del 14 de agosto: Cristina Kirchner va a ser reelecta presidenta con una ventaja de alrededor de 40 puntos con respecto a su escolta. Pues bien, es precisamente en este segundo lugar donde se puede dar la mayor sorpresa y por eso mismo donde conviene concentrar la atención. Si en las Elecciones Primarias esta posición estuvo reservada para Ricardo Alfonsín (12,20%) seguido muy de cerca por Eduardo Duhalde (12,12%) y recién después por Hermes Binner (10,18%), según la última encuesta realizada por la consultora de Artemio López el domingo 23 este último escalaría al segundo puesto con 15,6%, seguido por Rodríguez Saá con un 11,2%. Este nuevo panorama sería por cierto infinitamente más prometedor que el arrojado por las Primarias; en primer lugar, porque estaría dictaminando el deceso inapelable de un candidato que poco tenía para ofrecer más que un regreso a los oscuros y fallidos años 90, pero también porque abriría un horizonte político a resolverse entre dos fuerzas jóvenes y progresistas: un kirchnerismo cada vez más “camporizado” y el socialismo a la Binner.

3. El último 2 de octubre Página/12 publicó una entrevista con el lúcido teórico Ernesto Laclau. Heredero de un pensamiento de impronta peronista a través de Jorge Abelardo Ramos –pero que poco a poco fue reajustando y adaptando a la nueva coyuntura mundial–, Laclau puede ser identificado como uno de los principales ideólogos de la corriente progresista que gobierna gran parte de Latinoamérica. En la entrevista mencionada, además de avalar con entusiasmo un nuevo mandato de Cristina Kirchner y promover la opción de la reelección indefinida en los países latinoamericanos, cuestiona el deplorable papel ejercido por la oposición en la Argentina de los últimos años. Al respecto de esto último, enfatiza la importancia de que exista una pluralidad de voces atentas y responsables para que el sistema político adquiera la forma de un organismo sano y favorable para las mayorías. Al final concluye que “Si [una oposición] no es capaz de construirse a sí misma, deberemos inventar una para que el sistema funcione”.

4. Esto es una coda. Los tres puntos desarrollados arriba pertenecen a un mismo caudal de ideas y decantan en esta clausura. Como apunté, el futuro del debate político argentino es alentador. Cristina Kirchner, apoyada por un grupo de políticos diestros y una población que no se deja engañar, va a continuar gobernando la Argentina porque ha demostrado ser la persona que actualmente encarna con mayor claridad y confianza un proyecto de profundización democrática poco habitual para un país castigado por numerosas dictaduras y conducciones vergonzosas. Frente a ella, si todo se resuelve de la mejor manera, ya no habrá personajes deleznables como Eduardo Duhalde, Elisa Carrió o Miguel del Sel, sino el Frente Amplio Progresista encabezado por Hermes Binner. Si efectivamente se materializa este panorama, ya no tendremos que, como dice Laclau, “inventar” una oposición, puesto que, como se registra en la carta de adhesión a su candidatura, la discusión comenzará a efectuarse sobre cuestiones de fondo y no sobre el peinado de Cristina o el gato de Florencia. Antes, –insisto– si el FAP logra convertirse en una fuerza legítima y a la altura del mejor gobierno que ha tenido Argentina en muchos años, se comenzarán a revisar las fallas del modelo redistributivo, a pensar un nuevo ordenamiento impositivo, a buscar opciones para elevar la calidad educativa y a construir medidas paliativas para las estructuras clientelares todavía vigentes.

Sin duda se les puede reprochar a quienes se inclinan por la propuesta de Binner que no vislumbren la opción de una adhesión crítica al kirchnerismo al estilo de Sabatella, es decir, un modo de posicionamiento que apuesta por una discusión constructiva sin que eso signifique restar votos –y con ello legitimidad– a un proyecto que cuenta con un incuestionable aval por parte de la gran mayoría de las argentinas y los argentinos. Sin duda. Pero también es cierto que con una oposición sana el debate político se acentúa porque lo que está en juego es mucho más que un enfoque particular sobre alguna dimensión de relevancia pública. Las bancas que autorizan la toma de decisiones son un vehículo fundamental para la concreción de un plan de gobierno. Por otro lado, –y esto es realmente un aspecto crítico de la cuestión– mientras que el neoliberalismo más chabacano no pueda constituirse en una opción gravitante, el país estará siempre con la vista puesta en un futuro deseable y más equitativo, sin grandes amenazas que temer.

En resumen, las próximas elecciones presidenciales implican –descartada la posibilidad de que el actual modelo vea tambalear sus estructuras de poder– la posibilidad de que por fin se genere un debate político dinámico e inteligente y que el neoliberalismo quede definitivamente sepultado como un triste recuerdo del pasado. Dos corolarios que sin duda hubieran alegrado a Néstor Kirchner y de los que él también es justo responsable.


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