La Seguridad: Valor fundamento de la Paz

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Archivos - Año 2006

Por Jorge Enrique de la Cruz

Las numerosas encuestas publicadas respecto a los valores cuya vigencia la sociedad reclama dan siempre un lugar preponderante a la seguridad. A partir de ese dato, candidatos, pre-candidatos, y los asesores que los acompañan y pretenden ser futuros funcionarios, incorporan en sus discursos párrafos relacionados con la temática, sin embargo no llegan a estructurar una verdadera política sobre la cuestión.

Si mágico significa "lo inexplicable", seguridad se ha convertido en una palabra mágica. Todos la reclaman, todos la ofrecen y nadie, o casi nadie tiene en claro su significado, fundamentalmente como objetivo del Estado Democrático. Es así como hoy los justicialistas debemos soportar que la ultra derecha gorila haya hecho del discurso de la seguridad una bandera. Digo que debemos soportar porque, en realidad, la seguridad como valor social nos pertenece en la medida en que nuestro norte no es otro que la justicia social y ella precisamente, tiene como fundamento, entre otros, el valor seguridad.

Para no irnos por las ramas cayendo en lo que, precisamente, criticamos, no vamos a referirnos en este artículo a la Policía Federal y su demorado pase a la órbita de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ni a la tolerancia cero, ni a doctrinas de seguridad, palabras todas, con que se llenan la boca los pseudo expertos. Vamos, por el contrario, y con toda humildad, a tratar de llegar al concepto técnico de seguridad, para conocer, efectivamente, cuál es la naturaleza del reclamo social.

Según Luis Recasens Siches, la seguridad se confunde con la esencia misma del Derecho a tal punto que éste habría surgido por el "impulso de una urgencia de seguridad" originada en la necesidad natural del hombre de saber a qué atenerse en sus relaciones con los demás es decir: "de saber cómo se comportarán los otros con él, y qué es lo que él debe y puede hacer frente a ellos". La satisfacción de esta necesidad hace necesario que el hombre sepa, no sólo a qué atenerse sobre lo que debe ocurrir, sino también que esto ocurrirá necesariamente; esto es, precisa de certeza sobre las relaciones sociales, pero además de la seguridad de que la regla se cumplirá, de que está poderosamente garantizada".

Es verdad que la seguridad no es el fin supremo de la sociedad y mucho menos el único valor jurídico, pero también lo es que en el Derecho se plasman otros valores superiores que tienen a la seguridad como requisito indispensable. Sin seguridad, no hay derecho, la ausencia de seguridad niega la esencia misma de lo jurídico.

Para Recasens la seguridad constituiría, junto con la certeza, "el sentido formal de la función del Derecho".  Lo jurídico sería un "especial medio puesto al servicio de la realización de fines varios": "cuando a  una  colectividad le interesa  asegurar  de la manera más firme la  realización  de determinados  fines, entonces  los recoge en normas  jurídicas, esto es,  impone su cumplimiento de manera inexorable, por ejecución forzosa".  Lo jurídico resulta, entonces, la  forma de  normación  impositiva e  inexorable que pueden adoptar  los  más  diversos  contenidos  sociales".

Sin embargo, "cuando se trata de asegurar el respeto a la dignidad de la persona y a su autonomía personal. la seguridad, que por sí  sola  se presenta no como un puro orden  formal, sino que cobra plenitud de  sentido  y  se llena de más alto contenido valioso".

Desde otra perspectiva, Blandine Kriegel le confiere un papel central a la seguridad y en particular, a la seguridad personal. La "libertad", según Kriegel, "comienza con la protección de la vida asegurada por la ley". Más aún, "el derecho a  la seguridad personal ocupa un lugar especial entre todos los derechos individuales. Es el único que no es negociable". Deben reivindicarse aquí las doctrinas de Hobbes: en el estado natural, "la ley anárquica y colectiva de la fuerza plantea una constante amenaza a la seguridad física de cada persona. En el estado civil, en contraste, la confiscación por el  soberano de todos  los actos de guerra, su monopolio sobre la espada de la justicia, produce como resultado la seguridad individual por medio del imperio de  la  ley.

El corolario de su argumento no es el Estado despótico sino, por el contrario, el Estado de Derecho, ese Estado protector de la libertad humana bajo el imperio de la ley. No debe, en consecuencia hablarse de "seguridad", sino de "un concepto democrático de seguridad ciudadana" cuyo objetivo no es la instauración de un Estado policíaco ni una versión de la doctrina de la seguridad nacional para marcar a militantes, sino el de garantizar el pluralismo, haciendo el máximo esfuerzo por proteger a todos.

Desde esta visión la seguridad no aparece como un fin sino:

1°) como un medio, que permite convertir, en democracia, la libertad formal de todo ciudadano en una libertad material negada de hecho por falta de seguridad y

2°) como un valor condicionante de otros,  tales como el derecho a la vida y la protección eficaz de "todos los ciudadanos sin distingos políticos o sociales".

Desde este punto de vista, se advierte, resulta también una formidable herramienta para el logro de la paz social  dado que la autoridad del Estado protege a los ciudadanos, disuade a  los  violentos  y siempre crea las condiciones necesarias para su vigencia.

No se entiende, entonces, la actitud de ciertos dirigentes políticos en los que, quizás por desconocimiento, el concepto de seguridad despierta las mayores resistencias  y se  asocia casi exclusiva y erradamente con la represión o el poder arbitrario del Estado. Tal resistencia es por lo menos paradójica y contradictoria.  Paradójica, porque ocurre en un país con preocupantes tasas de homicidio y secuestro, señales indiscutibles de  la  falta absoluta de respeto a la dignidad humana.  Contradictoria, porque al tiempo que las propuestas de seguridad encuentran un clima intelectualmente hostil, proliferan  las  exigencias para que se garanticen  los derechos humanos.

El desarrollo humano en su sentido más amplio requiere una gobernabilidad  democrática que permita la participación de todas las personas en las instituciones y las decisiones que moldean sus vidas y también depende de la paz y de la seguridad personal. Entenderlo y avanzar en la implementación de un sistema capaz de satisfacer estas demandas " seguridad, democracia y derechos humanos- es un desafío que debemos tomar todos aquellos que nos interesamos por la "cosa pública".

 





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