1972 - Noviembre - 2006

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Archivos - Año 2006

Por Patricia Fortino


A las 11 horas del día 17, bajo una pertinaz llovizna, aterrizaba en el aeropuerto de Ezeiza el charter que traía al General de regreso a la patria. Pasaron 34 años y aún se escuchan voces"

"Lanusse, marmota, Perón va a venir cuando le canten las pelotas".

Hay hechos en la historia que repican los oídos como si el tiempo no hubiera transcurrido, como si se hubieran detenido las agujas de los relojes en el mismísimo momento en que las emociones aceleraban los corazones. Son los fantasmas que resisten al olvido, los mismos que nos dieron aliento cuando creímos que la mejor época había pasado y nos sentíamos atrapados en la angustia de creer muertas las utopías.

Aquellos recuerdos que como en la época de los juglares se pasaron contándose de boca en boca y de generación en generación; sumándole pasiones, restándole errores, revisando con cuidadosa atención lo que se cuenta para poder transmitir los hechos con la fuerza que los merecen, por la importancia histórica que hoy tienen y por el entusiasmo que entonces generaron.

Aquel regreso, tuvo un marco especial para el pueblo argentino. En tiempos donde las comunicaciones no eran ni tan ágiles, ni tan directas; cuando aún no teníamos Internet para leer todos los diarios del mundo al tiempo que se ocasionan las noticias; y la cámara Web no nos acercaba las distancias; y no contábamos con celulares, ni con transmisiones en directo desde cualquier parte del planeta; eran días en donde las noticias llegaban lentas y además entre las distancias y los recursos tecnológicos, también estaba la censura que nos demoraba o distorsionaba los mensajes.

Aquel regreso indicaba el fin de tanta incomunicación entre el líder y su pueblo.

Otra vez el contacto con el General sería en directo. Ya no más casetes grabados para escuchar en la clandestinidad los mensajes dirigidos al pueblo trabajador y a los compañeros dirigentes.

Aquel día marcaría el cierre de una etapa triste, salpicada durante más de 17 años por la sangre de tantas luchas, proscripciones, sueños rotos, todos con un objetivo "Luche y vuelve".

Y volvió. Esa mañana los desplazamientos de manifestantes hacia el aeropuerto de Ezeiza, rodeado de tropas, desbordaban el Gran Buenos Aires, era "feriado" y para hacerla bien la CGT decretó paro nacional.

No faltó nadie, porque el que no fue, lo escuchó por radio o lo miró por televisión. Eran sobre todo peronistas jóvenes, muy jóvenes: jamás habían visto a su líder.

Un fenómeno que la historia no deja de releer y volver a escribir. Un raro paradigma popular, único e irrepetible, por lo menos hasta ahora.

"Eran otros tiempos" dicen los escépticos revisionistas (seguramente más por temor que por ideología).

Los tiempos cambian solo algunas cosas, las posibles de ser cambiadas. Los pueblos no cambian sus ideales, crecen dentro de ellos y se fortalecen para no caer en las garras de los opresores.

La historia le puso nombre al 17 de noviembre a partir de aquel irrepetible día de encuentros y de emociones, de esperanzas renovadas, de alegría.

Hoy, en tiempos donde el peronómetro mide a cada uno de quienes ostentamos pertenencia, está bueno recordar algo que Perón decía "ellos creían que yo era de ellos, pero yo era de nosotros".

 





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